El golf tiene un nuevo rival en Silicon Valley: los founders ahora hacen networking jugando al pickleball
Durante décadas, pocas imágenes han representado mejor el networking empresarial que una reunión en un campo de golf. Cuatro personas, varias horas por delante y tiempo suficiente para hablar de negocios entre golpe y golpe. En Silicon Valley, sin embargo, empieza a aparecer una alternativa bastante menos solemne: una pala, una pelota de plástico y una pista de pickleball.
No es solo una cuestión de que algunos ingenieros o emprendedores hayan descubierto el deporte de moda en Estados Unidos. En Silicon Valley ya existen ligas de pickleball específicamente dirigidas a founders y CEOs, torneos para fundadores e inversores organizados alrededor del networking y encuentros tecnológicos en los que una conversación sobre inteligencia artificial puede terminar con los participantes entrando en una pista.
Y quizá el detalle que mejor resume el fenómeno sea este: en Atherton, uno de los enclaves más asociados a la riqueza de Silicon Valley, una residencia privada con dos pistas ha servido como sede para una liga exclusiva de pickleball destinada a fundadores y CEOs. El objetivo declarado no es únicamente competir. También es conocerse.
Así que la pregunta ya no parece tan extravagante: ¿se está convirtiendo el pickleball en el nuevo deporte de networking de Silicon Valley?
Una liga de pickleball donde no basta con saber jugar: hay que ser founder o CEO
La prueba más llamativa probablemente sea Founders League. Su propuesta para Silicon Valley es extraordinariamente explícita: se presenta como una liga nacional exclusiva de pickleball para founders y CEOs, con equipos formados por entre dos y cuatro fundadores o máximos ejecutivos. Para participar hay que solicitar el acceso, pasar por un proceso de aprobación y posteriormente registrarse para competir.
La estructura resulta especialmente interesante porque demuestra que el partido es solo una parte de la experiencia. Los encuentros incluyen cena y bebidas, los equipos compiten contra nuevos rivales y las jornadas están planteadas también como eventos sociales de varias horas en los que los participantes pueden relacionarse con otros empresarios. La propia organización lo deja claro: es más que una liga de pickleball.
Y aquí aparece la conexión con la cultura tradicional de Silicon Valley.
El ecosistema tecnológico siempre ha necesitado lugares donde emprendedores, inversores y ejecutivos puedan conocerse fuera de una reunión formal. Durante años han sido restaurantes, cafeterías, conferencias, carreras, ciclismo o campos de golf. El pickleball ofrece algo particularmente eficaz para ese propósito: encuentros relativamente cortos, juego por parejas, rotación constante de participantes y mucho tiempo para conversar.
No hace falta afirmar que el pickleball haya sustituido al golf —no existen datos que permitan sostenerlo— para detectar que está empezando a competir por una parte muy concreta de su territorio: el deporte como excusa para hacer relaciones profesionales.
Silicon Valley Bank ya organiza pickleball para founders e inversores
Hay otra señal difícil de ignorar.
Silicon Valley Bank ha utilizado el pickleball como punto de encuentro entre el ecosistema emprendedor y financiero. En noviembre de 2025 celebró la segunda edición de su Founders & Funders Paddle Battle, un evento que admitía un máximo de un equipo de dos personas por startup o fondo de venture capital. Incluso quienes nunca habían jugado podían asistir como espectadores o aprender en una pista específica para principiantes con un entrenador.
La combinación de perfiles es significativa: fundadores, fondos de inversión, patrocinadores y pickleball.
No estamos hablando simplemente de un torneo abierto que casualmente atraiga a trabajadores tecnológicos. El propio diseño del evento utiliza el deporte como vehículo para reunir a las dos partes fundamentales de buena parte del ecosistema startup: quienes crean empresas y quienes pueden financiarlas.
Silicon Valley Bank también ha promovido otros encuentros relacionados con pickleball y su área de gestión patrimonial dirigidos a founders e inversores del área de San Francisco y Silicon Valley.
Es difícil encontrar una representación más literal de cómo el deporte está entrando en los códigos sociales del mundo tecnológico.
De hablar de inteligencia artificial a coger una pala
En 2026 apareció una conexión todavía más propia de este momento.
San Francisco acogió el 30 de junio el Agent Open SF 2026, presentado como un torneo de pickleball relacionado con el ecosistema de inteligencia artificial. El programa mezclaba coworking, conversaciones sobre AI, un panel sobre el estado de la inteligencia artificial, competición en dos pistas de pickleball y una fiesta final. La descripción del evento hablaba directamente de ingenieros capaces de tomarse en serio tanto sus agentes de IA como su revés.
La anécdota tiene más importancia de la que parece.
Si un evento dedicado a una de las tecnologías que están definiendo Silicon Valley en esta década decide utilizar un torneo de pickleball como actividad social, significa que el deporte ha conseguido penetrar en la cultura del sector. No necesariamente porque los grandes líderes de la inteligencia artificial sean todos jugadores —eso sería imposible de sostener—, sino porque el pickleball ya funciona como un lenguaje social reconocible dentro de esa comunidad.
Hace unos años habría resultado perfectamente normal organizar una jornada tecnológica seguida de unas cervezas. Ahora también puede terminar con una pala en la mano.
En San Francisco los trabajadores tecnológicos ya estaban jugando hace años
El fenómeno tampoco nació ayer.
En 2021, cuando la expansión estadounidense del pickleball comenzaba a acelerarse, el San Francisco Chronicle ya describía cómo las pistas de Louis Sutter Playground atraían a jugadores mucho más jóvenes que el estereotipo tradicional asociado al deporte. Entre ellos había trabajadores tecnológicos veinteañeros que veían en el pickleball una vía de escape durante la pandemia.
Uno de ellos, Kenneth Fang, entonces empleado de una startup educativa y con 29 años, describía el pickleball como el “hobby del año” para él y sus amigos.
Aquella escena resulta especialmente interesante vista cinco años después. Lo que podía interpretarse como una afición surgida durante la pandemia ha terminado evolucionando hacia clubes especializados, competiciones empresariales y ligas destinadas expresamente a fundadores.
También desmonta uno de los clichés que durante mucho tiempo acompañaron al deporte en Estados Unidos: que el pickleball era básicamente una actividad para jubilados.
Los últimos datos de la Sports & Fitness Industry Association son contundentes. En 2025 jugaron al pickleball 24,3 millones de estadounidenses, frente a aproximadamente 4,2 millones en 2020. Más revelador todavía para entender lo que sucede alrededor de Silicon Valley: los jóvenes de entre 13 y 24 años presentan actualmente la mayor tasa de participación de todos los grupos de edad analizados por SFIA.
El pickleball ya no necesita rejuvenecer su imagen. Lo está haciendo sobre la pista.
Un antiguo Fry’s convertido en 20 pistas de pickleball
Quizá ninguna imagen explique mejor el cambio cultural que lo sucedido en Campbell, en pleno Silicon Valley.
Allí, un antiguo establecimiento de Fry’s Electronics, una cadena profundamente vinculada a la cultura tecnológica californiana, terminó convertido en un enorme club indoor de pickleball. The Hub abrió la instalación en agosto de 2023 con 20 pistas cubiertas.
La metáfora es casi demasiado perfecta.
Donde antes se vendían ordenadores, componentes y electrónica, ahora vuelan pelotas de pickleball.
The Hub Silicon Valley dispone además de zonas para espectadores, lounge y tienda especializada, consolidando un modelo que trata al pickleball no únicamente como deporte, sino también como experiencia social.
El detalle ayuda a comprender por qué el fenómeno puede funcionar especialmente bien en zonas urbanas con una gran concentración de profesionales. Un club indoor permite jugar después del trabajo, organizar eventos privados, impartir clases y convertir las instalaciones en un lugar donde pasar más tiempo que los aproximadamente veinte o treinta minutos que puede durar un partido.
La pista se convierte así en un punto de encuentro.
Y entonces aparece Bill Gates, aunque hay un matiz importante
Cuando se mezclan tecnología y pickleball hay un nombre prácticamente inevitable: Bill Gates.
Pero conviene hacer una precisión. Gates está estrechamente vinculado al deporte y a la industria tecnológica estadounidense, pero su historia pertenece principalmente al ecosistema de Seattle y Microsoft, no a Silicon Valley.
Y su relación con el pickleball es mucho más antigua que la actual moda entre startups.
En 2022, Gates explicó que llevaba más de 50 años jugando. Su padre conocía a los creadores del pickleball y, después de descubrir aquel nuevo deporte nacido en Bainbridge Island en 1965, construyó una pista en la casa familiar a finales de los años sesenta. Gates comenzó a jugar entonces y ha continuado haciéndolo durante décadas.
La historia es extraordinaria porque coloca a uno de los personajes fundamentales de la revolución informática jugando al pickleball cuando prácticamente nadie sabía qué era.
Gates calculaba que probablemente no más de un millar de personas del área de Seattle habían visto siquiera el deporte cuando su familia comenzó a practicarlo. Medio siglo después, él mismo se mostraba sorprendido por su explosión de popularidad y aseguraba jugar con amigos y familiares al menos una vez por semana, y más durante el verano.
Su afición tampoco parece haber desaparecido con la moda. Gates continúa incluyendo el pickleball entre los juegos y deportes que practica y, en un artículo posterior sobre innovación climática, llegó incluso a recomendar probar una pala de fibra de carbono por la potencia que puede generar.
Hay algo deliciosamente irónico en todo esto: mientras Silicon Valley descubre el pickleball como deporte social del momento, uno de los hombres que ayudó a construir la industria tecnológica moderna llevaba medio siglo jugando.
¿Por qué el pickleball encaja tan bien con la cultura startup?
Probablemente porque reúne varias características especialmente compatibles con ella.
No exige reservar una mañana completa como puede ocurrir con el golf, permite que jugadores con niveles diferentes compartan pista y genera interacción constante entre cuatro personas. Además, la barrera de entrada es suficientemente baja como para que un principiante pueda participar en un evento empresarial sin necesidad de haber entrenado durante meses.
El propio formato de los eventos de Silicon Valley lo demuestra. Silicon Valley Bank ofrece iniciación para quienes nunca han jugado; Founders League mezcla competición con varias horas de socialización; y el Agent Open combinó pickleball, coworking e inteligencia artificial.
El producto real, en estos casos, no es únicamente el deporte.
Es la conversación que sucede alrededor de la pista.
Y eso explica por qué el pickleball puede resultar especialmente atractivo para una industria obsesionada con crear comunidades, ampliar redes de contactos y generar encuentros aparentemente informales de los que pueden terminar surgiendo relaciones profesionales.
¿Es entonces el pickleball el deporte de moda en Silicon Valley?
Sí, aunque con una precisión importante.
No existe un estudio que permita afirmar que sea el deporte más practicado por los trabajadores de Silicon Valley, ni tendría sentido presentar como jugadores habituales a grandes empresarios tecnológicos sin pruebas individuales que lo demuestren.
Lo que sí podemos verificar es algo quizá más interesante: el pickleball ha penetrado claramente en la cultura social y profesional del ecosistema tecnológico.
Hay trabajadores tecnológicos jugando desde hace años. Hay clubes específicos. Hay una liga para founders y CEOs. Hay torneos para startups y fondos de venture capital. Hay encuentros organizados por Silicon Valley Bank. Y en 2026 incluso hay eventos de inteligencia artificial que utilizan una competición de pickleball como punto de encuentro.
Todo esto ocurre mientras el deporte continúa viviendo una expansión extraordinaria en Estados Unidos. SFIA contabilizó 24,3 millones de participantes en 2025, más de cinco veces los registrados en 2020. Eso sí, hay una primera señal de normalización: los datos preliminares correspondientes a la primera mitad de 2026 sitúan el crecimiento del pickleball en un 1,3%, después de cinco años consecutivos como deporte de mayor crecimiento del país.
Es decir, puede que la fase de crecimiento absolutamente explosivo empiece algún día a estabilizarse. Pero en Silicon Valley parece estar ocurriendo algo diferente y quizá más duradero: el pickleball está dejando de ser simplemente una actividad que la gente practica para convertirse también en un lugar donde la gente se encuentra.
Durante años se dijo que algunas de las mejores conversaciones de negocios ocurrían en un campo de golf.
La próxima gran startup de Silicon Valley quizá empiece con algo bastante menos sofisticado: “¿jugamos otro partido?”
