Bill Gates llevaba 50 años jugando al pickleball antes de que tú supieras que existía

Cuando un deporte empieza a ponerse de moda, no tardan en aparecer celebridades practicándolo. Actores, deportistas, músicos e influencers descubren la nueva tendencia y contribuyen a multiplicar su popularidad. Con el pickleball ha ocurrido exactamente eso. Leonardo DiCaprio, Jennifer Aniston, George Clooney o Tom Brady son algunos de los nombres que han terminado vinculados a un fenómeno que está transformando el deporte estadounidense.
Pero hay alguien en esa lista que juega con ventaja.
Bill Gates no descubrió el pickleball porque se pusiera de moda. Tampoco porque Hollywood comenzara a hablar de él ni porque aparecieran competiciones profesionales, inversiones millonarias y sofisticadas palas de fibra de carbono. El fundador de Microsoft lleva jugando al pickleball desde hace aproximadamente medio siglo.
Cuando Gates comenzó a coger una pala, prácticamente nadie fuera del estado de Washington sabía qué era aquello. No existían grandes torneos, marcas especializadas ni jugadores profesionales. Era simplemente un juego relativamente nuevo que había nacido muy cerca de donde él creció.
Por eso, cuando hablamos de famosos aficionados al pickleball, Bill Gates merece un capítulo aparte. Mientras millones de personas están descubriendo ahora el deporte que más crece en Estados Unidos, él puede decir algo que muy pocos pueden permitirse: estaba jugando antes de que fuera cool.
Bill Gates juega al pickleball desde los años 70
La relación entre Bill Gates y el pickleball no es una asociación reciente ni una anécdota creada alrededor del actual boom del deporte. Gates ha contado públicamente que lleva jugando desde la década de 1970 y que conoció el juego gracias a su familia.
La explicación tiene mucho que ver con el lugar en el que creció. Bill Gates nació en Seattle, en el estado de Washington, exactamente la misma región estadounidense en la que había aparecido el pickleball pocos años antes.
El deporte nació en 1965 en Bainbridge Island, una isla situada frente a Seattle. Joel Pritchard, Bill Bell y Barney McCallum buscaban una actividad con la que entretener a sus familias durante un fin de semana de verano y terminaron improvisando un juego utilizando el material que tenían disponible.
Una pista de bádminton, unas palas inicialmente muy sencillas y una pelota perforada fueron suficientes para poner en marcha algo que ninguno de ellos podía imaginar que acabaría convirtiéndose en un fenómeno internacional.
El padre de Bill Gates conoció posteriormente el deporte y la familia comenzó a practicarlo. Para el joven Gates, por tanto, el pickleball no era ninguna revolución deportiva. Era simplemente uno de los juegos que formaban parte de su entorno.
Cuando el pickleball todavía era un completo desconocido
Para entender lo peculiar que resulta la historia de Bill Gates hay que retroceder varias décadas. Hoy basta con buscar pickleball en Internet para encontrar miles de vídeos, competiciones profesionales, tutoriales, análisis de palas y clubes especializados. En los años 70 la situación era radicalmente diferente.
El deporte apenas había comenzado a extenderse más allá del pequeño círculo de familias que lo practicaban en Washington. Incluso dentro de Estados Unidos era habitual que alguien escuchara la palabra pickleball por primera vez y no tuviera absolutamente ninguna idea de qué significaba.
Gates vivió precisamente aquella primera etapa. Ha explicado que durante muchos años estaba acostumbrado a tener que describir el deporte cada vez que hablaba de él. Una situación que todavía resulta bastante familiar para muchos jugadores europeos.
La diferencia es que medio siglo después la pregunta está empezando a cambiar. En Estados Unidos ya no es tanto «¿qué es el pickleball?» como «¿dónde podemos jugar?».
Y esa transformación probablemente sea una de las cosas más sorprendentes para alguien que ha observado la evolución del deporte prácticamente desde sus comienzos.
Bill Gates sigue jugando cincuenta años después
Hay un dato que quizá diga más sobre el pickleball que cualquier estadística de crecimiento: Bill Gates continúa jugando décadas después de haberlo descubierto.
No estamos hablando únicamente de una afición de juventud que recuerda con nostalgia. El fundador de Microsoft ha seguido practicando el deporte y ha hablado públicamente de su entusiasmo por él, llegando incluso a publicar contenido explicando sus características y por qué considera que resulta tan divertido.
Esto permite introducir uno de los conceptos más interesantes relacionados con el pickleball: la longevidad deportiva.
Muchos deportes acompañan a una persona durante una etapa determinada de su vida. Las exigencias físicas, las lesiones o simplemente el paso de los años pueden dificultar que se mantengan con la misma intensidad. El pickleball ofrece una alternativa diferente porque permite adaptar considerablemente la forma de jugar.
La pista es más pequeña que una de tenis, especialmente en dobles los desplazamientos son menores y la estrategia puede compensar muchas diferencias físicas. Eso permite que jugadores de distintas generaciones compartan pista y que una misma persona pueda continuar practicándolo durante muchos años.
El propio Gates es un buen ejemplo.
¿Qué le gusta tanto a Bill Gates del pickleball?
Gates ha destacado varias características que explican su afición, pero probablemente todas puedan resumirse en una idea: es sencillo empezar y muy difícil dejar de mejorar.
Un principiante puede aprender las reglas básicas con relativa rapidez. La pista tiene unas dimensiones manejables, la pelota viaja a una velocidad que facilita los primeros intercambios y la pala resulta relativamente sencilla de utilizar. Esto permite que una persona sin experiencia previa pueda empezar a disfrutar durante sus primeras sesiones.
Sin embargo, cuando aumenta el nivel aparece toda una dimensión estratégica que inicialmente pasa desapercibida. La posición en la pista empieza a ser fundamental, la famosa cocina condiciona el juego cerca de la red y los golpes suaves adquieren tanta o más importancia que la potencia.
El jugador descubre los dinks, los drops, los resets, los cambios de ritmo y la importancia de esperar el momento adecuado para atacar. Lo que parecía un juego extremadamente sencillo empieza a convertirse en un pequeño problema táctico que hay que resolver en cada punto.
No resulta difícil imaginar que esta combinación entre estrategia y competición pueda resultar especialmente atractiva para una mente como la de Bill Gates.
Un deporte en el que pensar importa
El pickleball tiene una particularidad que muchas personas descubren después de sus primeros partidos: no siempre gana quien golpea más fuerte.
La potencia es útil, por supuesto. También la velocidad y la capacidad física. Pero el tamaño de la pista y las reglas del juego hacen que la colocación, la anticipación y la paciencia tengan una enorme importancia.
Especialmente cuando los cuatro jugadores llegan a la zona próxima a la cocina, el partido puede transformarse en una especie de partida de ajedrez acelerada. Los jugadores intercambian golpes suaves intentando provocar un error o generar una pelota suficientemente alta para poder atacar.
Cada decisión tiene consecuencias. Una mala selección de golpe puede entregar inmediatamente la iniciativa al rival. Un buen dink puede parecer poco espectacular, pero preparar el punto perfecto.
Esa profundidad estratégica permite que el deporte mantenga el interés incluso después de miles de partidos. Siempre existe una decisión que podría haberse tomado mejor, una posición que corregir o un golpe que perfeccionar.
De las palas de madera a la fibra de carbono
Bill Gates también ha podido observar una transformación radical en el material utilizado para jugar.
Las primeras palas de pickleball eran extraordinariamente sencillas y muchas estaban fabricadas en madera. El deporte tenía un carácter fundamentalmente recreativo y apenas existía una industria especializada alrededor de él.
La situación actual no podría ser más diferente. Hoy encontramos fabricantes que desarrollan palas utilizando fibra de carbono y diferentes materiales compuestos, con distintos grosores, formas, pesos y configuraciones de núcleo.
Los jugadores hablan de potencia, control, punto dulce, efectos, estabilidad y maniobrabilidad. Las marcas lanzan nuevos modelos constantemente y elegir una pala puede terminar siendo casi tan complicado como aprender algunos de los golpes del propio deporte.
La pelota también ha evolucionado, existen modelos específicos para interior y exterior y el calzado y la ropa empiezan a formar parte de una industria cada vez más especializada.
Lo que Gates conoció como un sencillo juego familiar se ha convertido en un mercado global.
Bill Gates frente a Leonardo DiCaprio, George Clooney y la nueva generación
La presencia de Bill Gates entre los famosos que juegan al pickleball resulta especialmente curiosa cuando se compara su historia con la de otras celebridades.
Leonardo DiCaprio ha sido señalado como un gran aficionado y dispone de una pista privada. George Clooney también ha hablado sobre su relación con este deporte y juega con su mujer, Amal. Jennifer Aniston aparece vinculada a una generación de celebrities que encuentra en el pickleball una forma divertida y social de mantenerse activa.
Todos ellos ayudan a aumentar la visibilidad del deporte.
Pero Gates representa algo distinto.
Demuestra que el pickleball no apareció ayer.
Cuando muchas estrellas actuales todavía no habían nacido, ya había familias jugando en Washington. Cuando no existía Instagram, ni YouTube, ni siquiera Microsoft, el pickleball ya estaba empezando a construir silenciosamente una pequeña comunidad de jugadores.
El boom es reciente.
El deporte no.
Del pasatiempo familiar al deporte de mayor crecimiento
Resulta difícil imaginar que Joel Pritchard, Bill Bell y Barney McCallum pudieran anticipar en 1965 lo que acabaría sucediendo con aquel juego improvisado.
El crecimiento fue inicialmente lento. El pickleball se extendió por diferentes comunidades estadounidenses, especialmente entre familias y centros recreativos, pero durante décadas permaneció muy lejos de los grandes focos deportivos.
Después comenzó la aceleración.
Más jugadores generaron demanda de nuevas pistas. Más pistas facilitaron que otras personas probaran el deporte. Aparecieron fabricantes, clubes y competiciones. Las redes sociales multiplicaron su visibilidad y las celebrities terminaron actuando como amplificadores de un movimiento que ya estaba en marcha.
Finalmente llegó el capital.
Deportistas profesionales, empresarios e inversores comenzaron a interesarse por las competiciones y equipos profesionales. El pickleball dejó de ser visto únicamente como una actividad recreativa y empezó a convertirse también en una oportunidad empresarial.
Para alguien que lleva aproximadamente cincuenta años jugando, la transformación debe resultar extraordinaria.
El pickleball como deporte intergeneracional
Probablemente una de las características que mejor explica esta expansión sea la facilidad con la que diferentes generaciones pueden compartir pista.
Un abuelo puede jugar con su nieto. Padres e hijos pueden formar pareja. Un jugador experimentado puede enfrentarse a alguien considerablemente más joven y compensar parte de la diferencia física mediante técnica y estrategia.
No significa que la edad deje de importar ni que la condición física no proporcione ventajas. Significa que las características del juego reducen algunas de las barreras que encontramos en otras disciplinas.
Esta circunstancia convierte el pickleball en una herramienta especialmente interesante para crear comunidades deportivas. En lugar de fragmentar automáticamente a los jugadores por edad, permite que el nivel sea el criterio fundamental para organizar muchos partidos.
Bill Gates empezó a jugar siendo joven y ha podido seguir haciéndolo durante décadas. Esa continuidad representa perfectamente una de las promesas más interesantes del deporte: no tienes que jugar de la misma manera toda la vida para seguir disfrutándolo.
¿Podría España repetir la historia estadounidense?
Probablemente no de la misma forma. Estados Unidos tiene una historia y unas condiciones deportivas diferentes. Pero España presenta algunas características que podrían acelerar enormemente la implantación del pickleball.
La principal es nuestra cultura de deportes de raqueta. Millones de españoles saben jugar al tenis o al pádel y están familiarizados con conceptos como organizar partidos, reservar pistas, competir en ligas amateur o formar grupos de jugadores por niveles.
El pickleball puede aprovechar toda esa experiencia previa.
Además, resulta relativamente sencillo de introducir. Las dimensiones de la pista son reducidas y existen instalaciones deportivas en las que pueden habilitarse espacios para practicarlo sin necesidad de realizar las inversiones asociadas a otras modalidades.
El gran reto vuelve a ser la comunidad. Para que un deporte social funcione necesitas jugadores. Y para conseguir jugadores necesitas conseguir que las personas lo prueben.
En este sentido, el pickleball tiene una enorme ventaja: la primera experiencia suele ser divertida incluso cuando el nivel técnico es muy bajo.
Bill Gates sabía algo que el resto del mundo está descubriendo ahora
Quizá la historia de Bill Gates y el pickleball resulte tan atractiva porque invierte completamente el relato habitual de las celebrities y las tendencias.
No estamos ante un famoso que descubre el último deporte de moda.
Estamos ante alguien que lleva aproximadamente medio siglo practicando un deporte que, finalmente, se ha puesto de moda.
Durante décadas Gates tuvo que explicar qué era aquello. Hoy millones de personas están comprando su primera pala, buscando una pista cerca de casa o intentando entender por qué todo el mundo habla de la cocina cuando aparentemente no hay ningún fogón a la vista.
El deporte ha cambiado muchísimo desde aquellos primeros años en Washington. Las palas son mejores, los jugadores son más rápidos, las competiciones son profesionales y alrededor del pickleball comienza a desarrollarse una industria enorme.
Pero la esencia sigue siendo sorprendentemente parecida.
Una pista pequeña, una red, una pelota perforada y varias personas intentando conseguir que el rival no pueda devolverla.
Quizá por eso Bill Gates ha seguido jugando después de tantos años.
Y quizá esa sea también una buena pista sobre el futuro del pickleball.
Las modas pasan. Los deportes que consiguen que la gente quiera volver a jugar permanecen.
Bill Gates lleva haciéndolo desde los años 70.
El resto del mundo parece estar empezando a entender por qué.

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