Elon Musk cree que el pickleball puede acabar con el tenis: ahora SpaceX construye pistas para sus empleados

Elon Musk quiere llevar al ser humano a Marte, llenar las carreteras de coches autónomos y construir túneles bajo las ciudades. Pero entre cohetes, inteligencia artificial y robots humanoides hay una obsesión bastante más terrenal que empieza a repetirse alrededor de algunas de sus empresas: el pickleball.
La relación del empresario con este deporte lleva tiempo dejando pistas —nunca mejor dicho— en Texas. En Bastrop County, donde se concentran operaciones de SpaceX y The Boring Company, ya existen canchas de pickleball dentro del peculiar ecosistema empresarial que Musk está levantando en la zona. Y ahora SpaceX quiere ir un paso más allá con Project Echo, un nuevo complejo recreativo privado situado junto a su fábrica de Starlink que contempla, entre otras instalaciones, nuevas pistas de pickleball.
Podría parecer simplemente otro beneficio corporativo para empleados si no fuera por un pequeño detalle: Musk ya había dejado bastante clara su opinión sobre este deporte. Cuando un usuario de X criticó duramente al pickleball por ocupar pistas de tenis, el empresario salió en su defensa y realizó una predicción muy propia de Elon Musk: probablemente terminará superando al tenis porque es mucho más conveniente.
Lo que parecía una ocurrencia en redes sociales empieza a tener una traducción bastante más física. Musk no solo habla de pickleball. Sus empresas construyen pistas, Tesla ha colaborado en el desarrollo de una pala y el deporte empieza a formar parte del paisaje de su particular imperio tecnológico en Texas.
Project Echo: SpaceX quiere un parque privado junto a su fábrica de Starlink
La historia más reciente nos lleva a Bastrop, una pequeña ciudad situada al este de Austin que durante los últimos años se ha convertido en uno de los centros neurálgicos del creciente imperio empresarial de Elon Musk en Texas.
SpaceX tiene allí una fábrica dedicada a Starlink y, según documentación conocida en 2025, la compañía proyecta desarrollar en terrenos adyacentes un amplio espacio recreativo privado denominado Project Echo.
El plan va bastante más allá de colocar un par de bancos para que los empleados puedan comer al aire libre. El proyecto contempla zonas de picnic, instalaciones recreativas y pistas deportivas, incluyendo baloncesto y pickleball. También se ha planteado la posibilidad de incorporar una plataforma flotante relacionada con actividades acuáticas.
La idea dibuja un campus tecnológico bastante diferente al concepto tradicional de fábrica. Los empleados fabricarían tecnología relacionada con una de las mayores constelaciones de satélites del mundo mientras, a pocos metros, podrían terminar la jornada jugando un partido de pickleball.
Pero Project Echo tampoco aparece de la nada. Para entender por qué una pista de pickleball empieza a parecer casi tan habitual como una cafetería dentro del universo Musk hay que mirar unos kilómetros alrededor.
Musk ya tenía pistas de pickleball en Bastrop
Mucho antes de conocerse Project Echo, el pickleball ya había encontrado un hueco dentro de las instalaciones vinculadas a The Boring Company en Texas.
En la zona se desarrolló Hyperloop Plaza, un peculiar complejo cercano a las operaciones de Musk que reúne algunos servicios difíciles de imaginar juntos en cualquier otro lugar: una tienda de alimentación denominada Boring Bodega, una cafetería, un pub, una barbería, zonas recreativas y, por supuesto, pistas de pickleball.
Las canchas llegaron incluso a poder reservarse por un precio prácticamente simbólico: un dólar por hora.
No estamos hablando precisamente de uno de los grandes clubes premium que están apareciendo en ciudades estadounidenses. Las primeras críticas de algunos visitantes señalaron que las instalaciones eran bastante sencillas y que las pistas parecían poco más que superficies de hormigón con líneas pintadas.
Pero probablemente eso sea lo menos importante.
Lo realmente significativo es que el pickleball haya conseguido introducirse dentro del entorno de unas compañías obsesionadas con la ingeniería, la eficiencia y la construcción de comunidades de trabajadores alrededor de sus centros operativos.
Porque Bastrop empieza a parecer algo más que un lugar donde Musk tiene empresas.
El extraño «Musk Town» que está apareciendo en Texas
Durante los últimos años, Elon Musk ha trasladado una parte cada vez mayor de sus operaciones empresariales hacia Texas. Tesla, SpaceX, The Boring Company y otras compañías vinculadas al empresario han aumentado su presencia en el estado, generando alrededor de determinadas localizaciones algo parecido a pequeños ecosistemas corporativos.
Bastrop es uno de los ejemplos más llamativos.
Alrededor de las instalaciones empresariales han aparecido viviendas, servicios y espacios recreativos destinados en buena medida a trabajadores relacionados con las compañías de Musk. En la zona conocida como Snailbrook se han documentado viviendas, gimnasio, piscina y también pistas de pickleball.
La idea recuerda inevitablemente a los antiguos company towns estadounidenses, aunque trasladados al universo tecnológico del siglo XXI.
No hay minas de carbón ni fábricas textiles. Hay satélites, máquinas perforadoras, ingenieros y proyectos relacionados con inteligencia artificial y exploración espacial.
Pero aparentemente sigue haciendo falta un lugar donde jugar después del trabajo.
Y el deporte elegido vuelve a ser el pickleball.
Elon Musk ya había avisado: «probablemente aplastará al tenis»
La presencia de estas pistas resulta todavía más interesante cuando se recupera una conversación que Musk mantuvo en X.
Un usuario publicó un mensaje criticando con dureza el crecimiento del pickleball y especialmente la utilización de pistas de tenis para practicarlo.
Musk respondió defendiendo exactamente lo contrario. Para él, el pickleball probablemente terminaría imponiéndose al tenis por una razón fundamental: resulta mucho más conveniente.
La afirmación puede parecer una de esas predicciones deliberadamente provocadoras que el empresario publica habitualmente en redes sociales, pero detrás existe un argumento interesante.
El pickleball necesita menos espacio, resulta relativamente sencillo para un principiante y permite organizar partidos con una barrera de entrada mucho menor que otros deportes de raqueta.
En el contexto de una empresa o campus corporativo, estas características adquieren todavía más sentido. No necesitas una enorme instalación deportiva para introducir una pista y tampoco necesitas que tus empleados sean jugadores experimentados para utilizarla.
En términos puramente «Musk», podríamos decir que ofrece una buena relación entre superficie ocupada y capacidad de entretenimiento.
De las pistas para empleados a una pala Tesla de 350 dólares
La relación entre el ecosistema Musk y el pickleball dio otro giro inesperado a finales de 2025.
Tesla presentó una pala desarrollada conjuntamente con Selkirk LABS, uno de los nombres más reconocidos de la industria del pickleball estadounidense.
Y no fue simplemente una pala convencional con el logotipo de Tesla estampado sobre la superficie.
Según Selkirk, los equipos de ambas compañías trabajaron conjuntamente durante más de un año en el desarrollo del producto. La pala incorporó tecnologías propias de Selkirk y el proceso contó con participación del equipo de diseño de Tesla.
La colaboración había surgido después de contactos entre miembros de ambas compañías y terminó convirtiéndose en la primera asociación de Tesla con una marca especializada en pickleball.
El resultado tampoco estaba pensado precisamente para el jugador que quiere probar el deporte gastando lo mínimo posible.
El precio: 350 dólares.
Una pala Tesla para un deporte que algunos todavía consideran simplemente una moda.
La contradicción resulta bastante interesante.
¿Por qué las empresas tecnológicas se están fijando en el pickleball?
El caso de Musk forma parte de una tendencia mucho más amplia que está ocurriendo en Estados Unidos. El pickleball se ha introducido con fuerza entre empresarios, profesionales tecnológicos e inversores, especialmente en lugares como California, Texas y otras regiones con una importante concentración de compañías tecnológicas.
El componente social del deporte tiene bastante que ver.
Una partida de dobles coloca a cuatro personas juntas durante un periodo relativamente corto. Existe competición, pero también conversación. No requiere dedicar una jornada completa y el nivel necesario para empezar es suficientemente bajo como para incorporar rápidamente a nuevos jugadores.
Eso lo convierte en una actividad particularmente interesante para entornos empresariales.
Durante décadas, el golf ha ocupado buena parte de ese territorio. Reuniones, networking y relaciones empresariales podían desarrollarse alrededor de 18 hoyos.
El problema es que jugar al golf requiere mucho tiempo.
El pickleball ofrece una versión acelerada de esa interacción social.
Un partido puede organizarse después del trabajo y terminar antes de que una partida de golf hubiera llegado siquiera al noveno hoyo.
Silicon Valley cambia el campo de golf por la pista
La relación entre tecnología y pickleball tampoco empieza con Elon Musk.
Bill Gates es probablemente uno de los mejores ejemplos. El fundador de Microsoft lleva más de medio siglo jugando, después de conocer el deporte cuando todavía era prácticamente una curiosidad local del estado de Washington.
Durante los últimos años, además, inversores y emprendedores tecnológicos han comenzado a utilizar partidos y eventos de pickleball como espacios informales para relacionarse.
No resulta difícil entender el atractivo.
El deporte es competitivo sin exigir un nivel profesional, permite conversar entre puntos y genera una situación mucho menos formal que una reunión tradicional.
En determinadas comunidades estadounidenses, preguntar por una partida de pickleball empieza a cumplir una función similar a la que durante décadas tuvo preguntar por una ronda de golf.
Y si existe alguien especialmente sensible a las tendencias que se desarrollan alrededor de tecnología, talento e inversión, es Elon Musk.
¿Una pista de pickleball puede convertirse realmente en un beneficio laboral?
Aquí aparece una de las cuestiones más interesantes de Project Echo.
Las grandes compañías tecnológicas llevan décadas compitiendo no solo mediante salarios, sino también a través de la experiencia que ofrecen a sus empleados. Comedores, gimnasios, zonas de descanso, transporte, instalaciones deportivas y otros servicios se han convertido en elementos habituales de determinados campus corporativos.
La lógica es relativamente sencilla: conseguir que un entorno de trabajo resulte más atractivo puede ayudar a captar y retener talento.
Las pistas deportivas añaden además una dimensión social. Los empleados de diferentes departamentos pueden relacionarse fuera de una reunión formal y crear vínculos que probablemente no aparecerían delante de una pantalla.
El pickleball tiene una ventaja adicional frente a otros deportes: incorporar nuevos jugadores resulta relativamente sencillo.
No hace falta que una empresa tenga veinte aficionados experimentados para poner en marcha una comunidad interna. Basta con conseguir que algunos empleados prueben.
El resto puede suceder bastante rápido.
Elon Musk, Bill Gates y una curiosa coincidencia
Hay algo especialmente llamativo en la relación del sector tecnológico con el pickleball.
Dos de los empresarios más conocidos de las últimas décadas han terminado conectados con el mismo deporte por caminos completamente diferentes.
Bill Gates empezó a jugar cuando era joven porque creció cerca del lugar donde había nacido el pickleball. Lleva practicándolo desde mucho antes de que Microsoft se convirtiera en una de las mayores compañías tecnológicas del planeta.
Musk pertenece a otra generación y su relación aparece en un momento completamente diferente: cuando el pickleball ya se ha convertido en un fenómeno deportivo, cultural y empresarial.
Uno representa los orígenes.
El otro representa la explosión.
Y entre ambos existe medio siglo de evolución de un deporte que pasó de unas pocas familias jugando en Washington a empresas tecnológicas construyendo pistas para sus trabajadores.
¿Está Elon Musk realmente obsesionado con el pickleball?
Aquí conviene separar el titular de los hechos.
No existe suficiente información pública para afirmar que Musk sea un jugador habitual comparable a Bill Gates o Leonardo DiCaprio. Tampoco deberíamos interpretar automáticamente cada pista construida por una empresa que controla como una decisión personal tomada por él.
Lo que sí podemos afirmar es que existe una relación cada vez más difícil de ignorar entre su ecosistema empresarial y este deporte.
Musk ha defendido públicamente el pickleball.
The Boring Company ha incorporado pistas en Bastrop.
SpaceX proyecta nuevas instalaciones recreativas con más canchas junto a su fábrica de Starlink.
Y Tesla ha desarrollado una pala de pickleball junto a Selkirk.
Son cuatro conexiones distintas alrededor del mismo deporte.
Puede ser casualidad.
Pero empieza a parecer bastante pickleball para ser simplemente una casualidad.
De Bastrop a Marte: la pregunta inevitable
Cuando se habla de Elon Musk, cualquier historia termina inevitablemente mirando hacia Marte.
SpaceX lleva años desarrollando Starship con el objetivo declarado de hacer posible una presencia humana permanente fuera de la Tierra. Y si algún día existe una colonia marciana, sus habitantes necesitarán algo más que sistemas de soporte vital, paneles solares y cohetes.
Necesitarán hacer cosas.
Relacionarse.
Competir.
Divertirse.
Quizá todavía sea pronto para diseñar la primera pista extraterrestre, pero existe una ironía difícil de resistir: uno de los deportes que menos espacio necesita está creciendo precisamente alrededor de la compañía que pretende llevar humanos a un lugar donde cada metro de infraestructura será extraordinariamente valioso.
No sabemos si Elon Musk llegará a ver una pista de pickleball en Marte.
Pero en Texas ya está dejando unas cuantas.
Y quizá aquella provocación publicada en X termine siendo más interesante de lo que parecía.
Musk cree que el pickleball tiene una ventaja suficientemente poderosa como para amenazar al tenis: es más sencillo, más accesible y necesita menos recursos para jugar.
Ahora sus propias empresas parecen estar poniendo esa teoría en práctica.
Mientras SpaceX construye los cohetes del futuro, sus empleados podrían terminar las jornadas haciendo algo bastante menos futurista: discutir si una pelota de plástico entró o salió por unos centímetros.
Elon Musk quiere llevarnos a Marte. Pero, por si acaso, parece que primero quiere asegurarse de que haya suficientes pistas de pickleball en Texas.

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Este Elon Musk se mete en todo