Video: Still in Play

Más allá del diagnóstico: Cómo el pickleball mantiene a Scott Rider en el juego contra el Parkinson
En el deporte, la resiliencia no se mide por las victorias conseguidas en la plenitud de la juventud, sino por la capacidad de mantenerse en la pista cuando las circunstancias intentan obligarte a abandonarla. Para Scott Rider, exatleta de élite de la Universidad Estatal de Ohio (Ohio State), el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson cambió su vida para siempre, pero no detuvo su espíritu competitivo.
Su historia, reflejada en el documental Still In Play, es una lección sobre el control de la actitud, los beneficios terapéuticos del deporte de pala y cómo el pickleball está transformando la vida de personas con trastornos del movimiento.
El ADN de un competidor: De las pistas de atletismo a la incertidumbre
Desde su infancia, Scott Rider vivió para correr. Su velocidad y determinación lo llevaron a convertirse en un atleta de nivel All-American en dos ocasiones con Ohio State, la universidad de su vida y el lugar donde consolidó su historia de amor con su esposa, Kelly. Los corredores poseen una mentalidad única, una tolerancia extrema al esfuerzo y una disciplina inquebrantable.
Décadas después de colgar las zapatillas de clavos, aparecieron los primeros síntomas. Lo que comenzó como una extraña rigidez y agarrotamiento en los dedos de los pies durante sus entrenamientos cotidianos desencadenó un peregrinaje por podólogos, traumatólogos y fisioterapeutas. Ninguno lograba dar con la raíz del problema hasta que llegó el veredicto definitivo: enfermedad de Parkinson. Tras el impacto emocional y el choque inicial con la realidad, Scott tomó una decisión: “No puedo controlar todo lo que me pasa, pero sí puedo controlar cómo respondo ante ello”.
El «momento bombilla» sobre dos ruedas
Aunque Scott recurrió al ciclismo para mantenerse activo, le faltaba algo vital para un atleta de raza: la adrenalina de competir. Regresando de un paseo en bicicleta por su barrio, descubrió a un grupo de vecinos congregados alrededor de una red, armados con palas y una bola perforada. Intrigado, pidió unirse al partido.
Ese fue su primer contacto con el pickleball, un deporte en el que, para su sorpresa, sus reflejos felinos y su capacidad de anticipación seguían intactos. El pickleball no solo le devolvió la faceta competitiva que tanto extrañaba; se convirtió en una herramienta clínica fundamental.
Un escudo neurocognitivo y motor en la pista
El Parkinson es un trastorno progesivo del movimiento, y la ciencia médica coincide en que el ejercicio físico es la única vía demostrada para retrasar el avance de la enfermedad, ya que no existen fármacos capaces de frenar su progresión. En este sentido, el pickleball actúa como un excelente aliado terapéutico gracias a tres factores clave:
- Estímulo Cognitivo: Uno de los mayores retos para Scott y otros pacientes es la gestión de la puntuación en el pickleball. El tener que recordar y cantar en voz alta secuencias como «9-5-1» obliga al cerebro a ejercitar funciones cognitivas que la enfermedad debilita.
- Coordinación óculo-manual: El dinamismo del juego obliga a coordinar las manos, los pies y la vista a gran velocidad, lo que estimula directamente el sistema motor frente a la rigidez.
- Anticipación estratégica: Al ser un deporte muy táctico, si se juega con el posicionamiento correcto, no exige correr de forma descontrolada por la pista, sino leer el juego y reaccionar de manera inteligente.
De consumidor a creador: El programa de certificación
Fiel a su lema grabado en la muñeca, «IWNQ» (I Will Never Quit / Nunca me rendiré), Scott decidió que no sería un mero espectador pasivo de su enfermedad. Se propuso ser un creador de soluciones e ideó una iniciativa pionera: diseñar un programa oficial de instructores certificados de pickleball especializados en Parkinson.
Para hacer realidad este proyecto, unió fuerzas con la Universidad Médica de Carolina del Sur y con la firma de palas Selkirk Sport. La marca diseñó una pala conmemorativa con una gran letra «P» en el centro. Un emblema que los jugadores portan con orgullo en la pista para visibilizar la causa bajo una premisa clara: “Tengo Parkinson, estoy aquí para jugar, y mi pala viene conmigo”.
Hoy en día, Scott es considerado el auténtico «padre del pickleball» en su comunidad. Su mayor talento actual no es su derecha ni su juego de transición, sino su capacidad para empoderar a otros pacientes que temen probar un nuevo deporte, saltando a la cancha con ellos y demostrándoles que la vida sigue en juego.
Aprendizajes de la historia de Scott Rider para la comunidad del pickleball
- Inclusión real: El pickleball destaca por encima de otros deportes porque permite que personas de distintas edades, físicos y capacidades médicas jueguen juntas de manera genuinamente competitiva.
- La comunidad como medicina: El entorno cálido y acogedor que caracteriza a este deporte proporciona una red de apoyo emocional imprescindible para afrontar cualquier batalla personal.
- No hay beneficio en rendirse: La actitud ante las adversidades dicta el camino. El pickleball es una vía de escape, una terapia y una demostración diaria de que un diagnóstico no te saca de la pista.
Fuente: Selkirk TV.
